A mano alzada / José Dionisio Solórzano



A mano alzada y en varias oportunidades, representantes de Acción Democrática han aprobado las gestiones de gobernantes del Psuv aquí en Anzoátegui.

Cualquiera puede ir al Consejo Legislativo del estado Anzoátegui y pedir el resumen de las sesiones de un año en particular y ver las veces que Miguel Arismendi levantó sus manos para aprobar recursos e informes de gestión de gobernadores del oficialismo.

Solamente al exgobernador Tarek Williams Saab, el jefe de AD en Anzoátegui (o de una parte de ella, o de una de las AD), le dio el visto bueno a prácticamente a todos los informes de gestión presentando por éste; e igual hizo con Aristóbulo Isturlz, cuando ocupó la silla del Palacio de Los Jardines.

Sin embargo, la manía de los adecos de alzar la mano para aprobar gestiones rojas no solo es de Miguel Arismendi, sino de otro tanto de adecos que han llegan a espacios legislativos.

Por ejemplo, cuando Antonio Acosta fue concejal en Puerto La Cruz, también enderezó su brazo al aire para darle su aprobación a la gestión de la nunca bien recordado Magglio Ordóñez.

Ahora le tocó el turno a Giovanni Veracierta, quien no tuvo a menos para levantar su diestra y dejar en claro que a él sí le gusta lo realizado por la alcaldesa de Barcelona, coincidiendo con el otro concejal, de la otra AD (la de Bernabé Gutiérrez), José Ballesteros.

¿Qué ocurrió con las posiciones aguerridas de AD? Ahora los adecos parecen mansos corderitos listos para aproximarse a los poderosos del Psuv y plantearse un “modus vivendi” armonioso entre todos.

Adecos como Miguel Arismendi y Giovanni Veracierta no tienen límites para reducir su afán desmedido de poder o de beneficio personal; ellos son la antítesis de los viejos acciondemocratistas que luchaban por y con principios.

Y, ¿por qué molestarse haciendo oposición de palabra cuando a través de los hechos se demuestra su contubernio? La respuesta es fácil, ellos mantienen la ilusión como parte de su estrategia de sobrevivencia, ellos se muestran opositores para mantener engañados a muchos de los adecos de base que aún creen que la AD de hoy en día es la misma que ellos conocieron en otro tiempo.

Hoy hablar que AD es un partido de respeto es un error imperdonable, pues en verdad la Acción Democracia que vemos en este momento es tan insignificante como lo es su insípido y descolorido candidato presidencial, es decir el tristemente desconocidos de Carlos Prosperi.

¡Las cartas están echadas!

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