Semana Santa | Williams Caballero



Terminó la Semana Santa y nos queda realizar un análisis, lo más breve posible, de los resultados económicos de este asueto.

A pesar de los problemas que aún subsisten en la dinámica venezolana, fue – por lo menos – interesante observar como hubo una relativa movilidad de temporadistas hacia el oriente venezolano.

Vi varias playas repletas de bañistas, vi movimiento en los centros comerciales y en los restaurantes; sin embargo – al ojo por ciento – creo que aún no hemos llegado a la meta deseada de turistas recibidos.

Es necesarios aclarar que el grueso de los visitantes del estado Anzoátegui fueron resultado de la movilización interna, es decir, de vacacionistas de otros estados de Venezuela.

E, incluso, debemos afirmar que muchos bañistas de playas de la zona norte-oeste del estado provenían de la misma región. Entiéndase, personas de Barcelona o Puerto La Cruz que se movieron hacia la línea de costa, eje Lechería-Puerto Píritu–Guanta.

También hubo un interesante flujo de personas hacia la isla de Margarita, pues, vi imágenes de varias playas, como Parguito, llenas de vacacionistas que disfrutaban de esas aguas exquisitas.

Todo este movimiento genera un circulante económico que oxigena la economía, le da vitalidad al comercio y despierta el sistema económico nacional, es por ello que debe ser aplaudido.

Sin embargo, lo repetimos, aún nos falta mucho por hacer en materia de turismo, aún necesitamos generar mayores atractivos en todos los sentidos para ser un destino realmente competitivo, empezando por concientizar a los anzoatiguenses.

Debemos explicarle a los ciudadanos y comerciantes que un turista no es una víctima, como algunos parecen que piensan, un turista es un tesoro y como tal debe ser cuidado y respetado.

Algunos creen que los turistas son para exprimirlos a través de la especulación, el robo encubierto o peor aún mediante el atraco a mano armada.

Todos estos delitos deben ser penados, no solo por el delito en sí, sino por el efecto negativo que causa al turismo y a la imagen del país.

Debemos estructurar una cultura del servicio, una identidad turística que se encarne en una actitud en sintonía con un estado turístico que sepa ser anfitrión, en lo cual aún estamos en pañales.

No obstante, a pesar de todo lo que nos falta por recorrer, creo que estamos por buen camino.

¡Se tenía que decir y se dijo!

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