Hiperinflación, ¿otra vez? Por Williams Caballero
Habíamos superado el tema de la hiperinflación, sin embargo pareciera que los signos que estamos viviendo y/o padeciendo, nos indican que el fantasma de la hiperinflación pudiera regresar a nuestras vidas.
De acuerdo con las cifras, el peligro que retorne el fenómeno de la hiperinflación es real; y todo esto a pesar que se había dado por superado a principios del año pasado.
Según estimaciones de varios expertos la economía venezolana está dando pasos agigantados nuevamente a la inflación desmedida; como ellos mismos dicen estamos frente a un «momento crítico» de la economía.
La caótica y alarmante depreciación del bolívar se ve reflejada en los bajos salarios y en el aumento del dólar, y en las consecuencias sociales que podemos ver cada día en todos los rincones del país; algo angustiante para decir lo menos.
Todo esto se vuelve más y más peligroso cuando observamos que el pasado 20 de enero de 2023, el dólar paralelo se cotizó a razón de 21,85 bolívares por divisa; mientras que el oficial del Banco Central de Venezuela (BCV) en 20,29 bolívares. Todo indica que la depreciación del bolívar es total y sin límites.
El Gobierno nacional, para contener el aumento acelerado de la divisa estadounidense, ha venido implementado una estrategia bancaria con la inyección de dólares, una medida que le ha funcionado a medias desde que se implementó el año 2021.
La misma le funcionó el Ejecutivo para contener la hiperinflación sostenida durante cuatro años.
No obstante, el 20 de enero del año pasado el dólar paralelo se ubicó en 4,77 bolívares, mientras que que el oficial cerró en 4,64 bolívares, de acuerdo con el promedio ponderado de las operaciones de las mesas de cambio de las instituciones bancarias.
Eso quiere decir que de ese 20 de enero de 2022 a este 22 de enero del 2023, el dólar ha aumentado 17,08 veces su valor frente al bolívar venezolano.
Entonces, ¿qué hacer ante esta situación? Primero el Gobierno Nacional debe admitir que mantener el bolívar como unidad monetaria es insostenible. Se debe dar el paso a cambiar de moneda formalmente o abrir todos los proceso para la dolarización de la economía.
Segundo, el Estado debe ingeniarse para recapitalizarse e invertir un gran número de recursos a reactivar el aparato productivo y darle movilidad económica al país. Y, para esto, una de las alternativas viables es la construcción de obras públicas.
Me explico, si el Estado consigue recursos para la inversión de obras públicas de gran envergadura generará miles de puestos de empleos estables y bien remunerados, estos a su vez generarán más dinero circundante, si la necesidad de emitir más papel moneda, y aumentara el cobro de más impuestos; esto producirá un movimiento vital del comercio y demás áreas de la economía.
Lo expuesto, a la par de la inversión privada, – dándole garantías de seguridad jurídica y personal a los inversores, empresarios y emprendedores – lograríamos alcanzar una economía que repunte dejando atrás a la inflación y a la hiperinflación.
Todo esto es posible, siempre y cuando exista voluntad política por parte de los gobernantes.
¡Se tenía que decir y se dijo!
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